Sobre este lugar
La historia de estos jardines tiene algo de ironía histórica. Fue durante la Segunda República cuando el gobierno decidió incautar los bienes del Patrimonio Real y ceder este terreno al Ayuntamiento de Madrid para crear un espacio verde. En 1933 comenzaron a demoler las caballerizas, aunque los jardines no se completaron hasta finales de los años setenta. El rey Juan Carlos I los abrió oficialmente al público en 1978.
El diseño neoclásico encaja perfectamente con la estética del palacio. Desde la terraza inferior puedes apreciar la geometría perfecta de los parterres, esa gran lámina de agua que funciona como espejo y los surtidores que rompen ocasionalmente la quietud del estanque. Todo está calculado: los setos recortados forman figuras precisas y las fuentes se distribuyen siguiendo un orden casi matemático.
Lo que más me llama la atención al visitar Jardines Sabatini es cómo cambia la perspectiva según subes de terraza. Desde la segunda, elevada respecto a la primera, tienes una vista completa de la fachada norte del Palacio Real. El contraste es curioso: la formalidad geométrica de la parte baja da paso a un bosque de pinos más natural que se extiende hacia la Cuesta de San Vicente.
La tercera terraza, situada al este y en posición más alta, mantiene el estilo formal con sus parterres cuidados y los imponentes cedros que le dan carácter.
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Durante los últimos años, la remodelación de la Plaza de España ha afectado la configuración original del parque. La terraza inferior se mantiene intacta, pero las superiores han experimentado cambios debido a la peatonalización de parte de la calle Bailén.
Estos 2,66 hectáreas ofrecen una pausa urbana curiosa: un jardín republicano que mira a un palacio real, donde la simetría francesa convive con la historia española del siglo XX.
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