
Descripción
Forma parte del Palacio de Comares y mide 36 por 23 metros, con una alberca central que ocupa casi todo el espacio. Los setos de arrayanes que rodean el estanque le dan nombre al patio, aunque también se conoce como Patio de los Mirtos o de la Alberca. Esta planta mediterránea, que los griegos llamaban mirto, crea un marco verde perfecto para el agua quieta.
Lo que más me llama la atención es cómo todo está calculado. El agua del estanque refleja completamente la Torre de Comares, que se alza imponente al norte del patio. No es casualidad: los arquitectos nazaríes lo pensaron así. Desde el Salón del Trono, que está justo detrás de esa torre, el sultán podía contemplar este espejo natural que duplicaba la monumentalidad de su palacio.
La construcción original se debe a Yusuf I, aunque la decoración la completó su hijo Muhammad V. En los frisos aún se pueden leer inscripciones que celebran la victoria de este último sultán en Algeciras en 1368. Los pórticos de siete arcos, con sus columnas de capiteles cúbicos y el central más elaborado con mocárabes, mantienen toda su elegancia original.
En los lados largos había cuatro viviendas, probablemente para las esposas del sultán. Las ventanas gemelas del piso superior y las celosías del pórtico sur sugieren que esta zona formaba parte del harén real. El microclima que crea el patio, con su humedad y ventilación natural, hacía más habitables estas estancias.
El lado sur cambió para siempre cuando Carlos V decidió construir su palacio renacentista justo ahí. Se perdieron dependencias originales, pero el conjunto mantiene su armonía. Visitar el Patio de los Arrayanes en Granada requiere algo de paciencia por las colas, especialmente en temporada alta. Una audioguía puede ayudar a entender mejor los detalles históricos que a simple vista pasan desapercibidos.
La quietud del agua y el perfume de los arrayanes crean una atmósfera que trasciende el tiempo.
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