
Descripción
El recorrido empieza por el Mexuar, que era donde se administraba justicia. La Sala del Mexuar es la más antigua de todo el conjunto, construida por Isma'il I a principios del siglo XIV. Me llama la atención cómo el sultán se sentaba en una cámara elevada tras celosías para escuchar sin ser visto. Los azulejos mezclan decoración nazarí con símbolos cristianos posteriores, como el águila bicéfala de los Reyes Católicos.
Después llegas al Palacio de Comares, construido alrededor del famoso Patio de los Arrayanes. Esa alberca rectangular con los setos a los lados funciona como un espejo perfecto de la Torre de Comares. Es uno de esos momentos en que paras y simplemente miras. El agua está ahí no solo como elemento decorativo, sino como parte de toda una experiencia sensorial que los nazaríes dominaban perfectamente.
El Salón de los Embajadores, dentro de la torre, es espectacular. Tiene 18 metros de altura y su techo de madera representa los siete cielos del islam con más de 8.000 piezas. El sultán se sentaba en la alcoba central del lado norte, dando la espalda a la luz, mientras que los visitantes la recibían de frente. Una forma sutil pero efectiva de marcar quién mandaba.
El Palacio de los Leones viene después, aunque la información se corta aquí. Lo que sí puedo decir es que todo el conjunto se construyó siguiendo esa tradición islámica de no hacer nada eterno, donde cada sultán se hacía su propio palacio.
Si vas a visitar los Palacios Nazaríes, reserva con tiempo porque el acceso está limitado. Una audioguía puede ayudarte a entender mejor todos los detalles de la decoración, porque cada centímetro tiene su significado. La experiencia merece esa tranquilidad para fijarte en cosas como las inscripciones "Solo Dios es vencedor" que se repiten por todas partes.
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