
Descripción
Desde aquí la vista abarca una Granada que se extiende hacia el oeste, mostrando la Catedral, los restos de la muralla zirí del siglo XI y una panorámica lateral de la Alhambra que muchos visitantes no llegan a conocer. Lo que más me llama la atención es cómo desde esta posición se aprecia la antigua ciudadela musulmana en su conjunto, algo que cobra sentido cuando piensas que estás en uno de los puntos más altos del barrio.
La subida no es sencilla. Hay que llegar por la cuesta de la Alhacaba, después de pasar la puerta de Elvira, y luego enfrentarse a las escaleras de la cuesta de San Cristóbal. Es un pequeño esfuerzo que se nota en las piernas, pero que también explica por qué este rincón mantiene un ambiente más tranquilo que otros miradores granadinos.
La iglesia de San Cristóbal corona la plaza del mismo nombre, y junto con el palacio de Dar-Al-Horra completa un conjunto que habla de los diferentes momentos históricos que ha vivido esta ciudad andaluza. Los muros que levantaron los musulmanes en el siglo XI para proteger su fortaleza todavía se pueden intuir siguiendo la vereda occidental.
Me parece especialmente interesante la posición estratégica del lugar. Desde aquí se entiende perfectamente por qué fue elegido como punto de defensa: domina visualmente todo el entorno y permite controlar los accesos desde el oeste. Una audioguía puede ayudar a profundizar en estos aspectos históricos que no siempre resultan evidentes.
Visitar el Mirador de San Cristóbal requiere cierta determinación, pero esa misma dificultad de acceso es la que mantiene su carácter menos masificado. Es un lugar para tomarse tiempo, especialmente al atardecer, cuando la luz dorada de Granada adquiere esa calidad especial que tanto caracteriza a los paisajes andaluces.
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