
Descripción
Juan de Maeda trazó los planos de este templo entre 1559 y 1567, levantándolo sobre los restos de una mezquita anterior. La construcción no estuvo exenta de contratiempos: en 1590, la explosión de una fábrica de pólvora cercana dañó la torre y la sacristía, que tuvieron que ser reconstruidas. Estas cosas pasaban más de lo que uno imagina en aquella época.
Lo que más me llama la atención al entrar es la combinación entre el mudéjar y el renacimiento. Los artesonados de madera que cubren la nave central son obra de Juan de Vílchez, con esas estrellas de ocho puntas y los motivos dorados que brillan cuando entra la luz por las ventanas circulares. No es fácil encontrar este tipo de techumbre tan bien conservada.
La portada renacentista, terminada por Pedro de Orea en 1589, presenta a los santos Pedro y Pablo tallados en piedra en una hornacina. La torre, aunque un poco maciza, encaja perfectamente en el paisaje del Darro y ofrece una perspectiva magnífica de la Alhambra y las torres de la Alcazaba.
Dentro se conservan piezas notables de la escultura granadina: obras de Pedro de Mena, José de Mora, Pablo de Rojas. El tabernáculo de la capilla mayor tiene una historia curiosa, pues Diego de Siloé lo hizo originalmente para la Catedral de Granada y fue trasladado aquí en 1614. Las nueve capillas laterales albergan diferentes advocaciones, desde San Isidoro hasta la Virgen de Fátima.
El órgano barroco, recientemente restaurado por el Taller de Organería de Granada, suena ocasionalmente durante las celebraciones. Si tienes oportunidad de escucharlo, merece la atención. Una audioguía puede ayudarte a descubrir más detalles sobre las obras de arte y la historia del edificio.
La iglesia mantiene una vida religiosa activa con varias hermandades, algunas de ellas vinculadas a la Semana Santa granadina, lo que añade otra capa de significado a este templo que ha visto pasar cinco siglos de historia andaluza.
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