
Descripción
Nada más entrar, te das cuenta de que no es un spa al uso. Los arcos islámicos, los azulejos geométricos y esos techos con lucernas estrelladas que dejan pasar la luz natural crean una atmósfera que realmente transporta. El silencio solo se rompe con el suave rumor del agua de las piscinas termales, y el aire perfumado junto con la música andalusí completan una experiencia que va más allá del simple relax.
El ritual dura hora y media y sigue el proceso tradicional del hammam. Empiezas en la sala templada a 36 grados para que tu cuerpo se acostumbre, luego pasas a la caliente de 39 grados y al baño turco de 90 grados. El contraste de temperaturas con el vapor abre los poros y elimina toxinas, pero también tiene algo de hipnótico. Los masajes con aceites esenciales de rosa, lavanda, ámbar o granada se integran en el recorrido sin prisa, cuando más te apetezca.
La sala fría final, a 18 grados, reactiva la circulación y te devuelve gradualmente a la realidad. Después te espera un té moruno de menta en el área de descanso, momento perfecto para procesar la experiencia.
El personal te explica el funcionamiento al llegar, aunque puedes hacer el recorrido a tu ritmo. Solo necesitas llevar bañador; ellos proporcionan toallas y todos los productos de aseo. Eso sí, hay que reservar con antelación porque las plazas son limitadas y la demanda alta.
Lo que más me llamó la atención fue cómo el lugar logra recrear genuinamente el ambiente de los antiguos baños andalusíes. No se siente impostado ni comercial. Está ubicado en Santa Ana 16, detrás de la iglesia de Santa Ana, muy cerca de Plaza Nueva. Una audioguía puede ayudarte a entender mejor el contexto histórico si visitar Hammam Al Ándalus forma parte de tu recorrido por qué ver en Granada. Sales con una sensación de ligereza corporal y mental que dura horas.
Información adicional
por persona
Precio total de las audioguías




