
Descripción
Lo construyeron en el siglo XIV, cuando Granada era aún musulmana, y tenía una ubicación privilegiada junto a la Alcaicería y la antigua mezquita mayor. La entrada te llama la atención inmediatamente. Ese arco enorme con decoración de mocárabes y la inscripción coránica en cúfico no es casualidad: pertenecía a las esposas de los sultanes nazaríes, así que le dieron un toque monumental que otros fundúas más modestos no tenían.
Después de 1492 la historia se complica. Los Reyes Católicos se lo dieron a un tal Sancho de Arana, pero cuando murió el edificio salió a subasta y empezó su segunda vida como corral de comedias. Durante décadas los granadinos vinieron aquí a ver teatro. Luego, en el siglo XVII, lo convirtieron en viviendas y la planta baja se usó para pesar y almacenar carbón. De ahí le viene el nombre que conserva hoy.
El patio central mantiene esa estructura funcional de las alhóndigas: tres pisos con galerías alrededor y una pila de piedra en el centro. No es especialmente decorativo, pero tiene esa sobriedad que funciona bien. Lo que más me gusta es cómo se nota que ha sido muchas cosas diferentes. Las modificaciones para el teatro, las divisiones posteriores para viviendas... cada época dejó su huella.
Leopoldo Torres Balbás lo salvó en 1928 cuando estaba bastante deteriorado. Tuvo que echar a las familias que vivían allí y restaurarlo casi por completo. Ahora alberga las oficinas de la Orquesta Ciudad de Granada y el Festival Internacional de Música y Danza, así que sigue teniendo esa conexión con las artes escénicas.
Si decides visitar el Corral del Carbón, te llevará poco tiempo recorrerlo, pero merece la parada. Es el único ejemplo completo de alhóndiga nazarí que queda en España, y eso ya es bastante excepcional. Una audioguía puede ayudarte a entender mejor todos esos cambios de función a lo largo de los siglos.
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