
Descripción
Lo que más me llamó la atención fueron los reliefs de la entrada principal. Hay trofeos militares, la Torre de Comares de la Alhambra grabada en la clave del dintel, y unos escudos heráldicos sostenidos por angelitos con patas de animal que resultan bastante peculiares. Todo esto tiene su explicación: la casa perteneció a los descendientes de Hernando de Zafra, el secretario de los Reyes Católicos que negoció las capitulaciones con Boabdil.
El patio interior, con sus columnas de mármol blanco y arcos peraltados, mantiene esa elegancia del XVI pero con un aire más sosegado. Los alfarjes de madera decoran techos y galerías, y hay una escalera preciosa cubierta con una armadura mudéjar que mezcla tradiciones arquitectónicas de manera natural.
Desde 1941 el edificio alberga el Museo Arqueológico de Granada, así que visitar Casa de Castril significa hacer un recorrido por la historia de la provincia desde tiempos prehistóricos hasta el periodo nazarí. Las colecciones están bien organizadas y el edificio en sí ya vale la visita, aunque una audioguía puede ayudar a entender mejor tanto la arquitectura como las piezas expuestas.
Me resultó curiosa la leyenda del balcón cegado, donde se lee "Esperandola del cielo". Los estudios apuntan a que hace referencia a la inmortalidad y la vida celestial, pero la tradición popular habla de una dama emparedada que aún se aparece vestida de blanco. Sea como sea, ese balcón tapiado le da un aire misterioso al conjunto.
La casa está justo enfrente de la iglesia de San Pedro y San Pablo, en una zona del Albaicín donde la aristocracia castellana se instaló tras la conquista. Caminar por esta parte de Granada es como moverte entre diferentes épocas, y la Casa de Castril representa perfectamente esa transición del mundo islámico al cristiano que marcó la ciudad en el siglo XVI.
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