
Descripción
Lo primero que llama la atención son las vistas constantes a la Alhambra, que se alza majestuosa en la colina de enfrente. Desde aquí se distinguen perfectamente la Torre de la Vela y la Torre del Cubo al principio del recorrido, y más adelante la imponente Torre de Comares. Es curioso cómo la perspectiva va cambiando a medida que avanzas, ofreciendo diferentes ángulos del conjunto palatino.
Los dos puentes de ladrillo que cruzan el Darro, el de Cabrera y el de Espinosa, ambos del siglo XVII, le dan un aire casi veneciano al conjunto. Pero hubo más puentes que ya no existen. Los restos del arco de herradura que ves a unos 200 metros del puente de Espinosa son lo único que queda del antiguo Puente del Cadí, que durante siglos conectó la Alhambra con el Albaicín.
Entre los edificios que jalonan el recorrido, El Bañuelo es una parada obligada. Estos baños árabes del siglo XI están considerados los mejor conservados de España, aunque desde la calle apenas se intuye lo que hay dentro. La entrada se hace a través de una casa posterior, lo que añade un punto de misterio al conjunto.
La Casa de Castril, que alberga el Museo Arqueológico desde 1923, muestra una portada plateresca espectacular que se atribuye a Diego de Siloé. Justo enfrente, la pequeña iglesia de San Pedro y San Pablo se levanta sobre los restos de una antigua mezquita, algo muy común en la Granada cristiana.
El Convento de Santa Catalina de Zafra esconde entre sus muros la Casa de Zafra, una joya de la arquitectura doméstica nazarí del siglo XIV que funciona como Centro de Interpretación del Albaicín. Si tienes tiempo, merece la pena buscar la entrada por la Portería de Zafra.
Una audioguía puede ayudarte a profundizar en todos estos detalles históricos mientras paseas. Al final, cuando la calle se ensancha en el Paseo de los Tristes, la vista panorámica de la Alhambra desde abajo es realmente impresionante. Es el final perfecto para este viaje al corazón histórico de Granada.
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