
Descripción
La Alcazaba de Málaga, que es de lo que puedo hablarte con los datos que me has dado, es una de esas fortalezas que te hace entender por qué los árabes eligieron tan bien sus emplazamientos. Construida en el siglo XI sobre un cerro que domina la ciudad y el mar, conserva uno de los sistemas defensivos más complejos que he visto en España.
Lo que más me llamó la atención al visitar la Alcazaba fue descubrir que no es una simple muralla, sino todo un laberinto defensivo pensado para desesperar a cualquier atacante. Antes de llegar siquiera al primer recinto, tienes que atravesar las llamadas "fortificaciones de ingreso": un camino estrecho flanqueado por murallas y torres pequeñas, con puertas que se suceden una tras otra.
La Torre Albarrana que se adentra en la plaza de la Aduana es única en el conjunto. Desde allí empiezas a subir por escalinatas hasta llegar a las puertas más espectaculares: la de la Bóveda Vaída y la de las Columnas. Esta última me pareció especialmente bella, con sus arcos de herradura que alternan piedra y ladrillo imitando los de la mezquita cordobesa.
El sistema se complica aún más con la Puerta del Cristo, que da acceso al recinto inferior. Aquí empiezas a entender la escala del conjunto: dos recintos amurallados completos que se adaptan perfectamente a la roca del cerro. La Torre del Homenaje del siglo XIV, aunque en ruinas, sigue siendo imponente.
Desde los miradores del recinto superior se aprecia toda la Coracha, esa muralla en zigzag que conectaba con el castillo de Gibralfaro. Es ingeniería militar pura. El Pozo Airón, de 30 metros excavados en roca viva, recuerda que una fortaleza sin agua no sirve de nada.
La Plaza de Armas, con su jardín hispanoárabe, ofrece un respiro después de tanta piedra y tanta historia bélica. Una audioguía puede ayudarte a entender mejor los detalles constructivos, porque hay capas de diferentes épocas superpuestas que no siempre son evidentes a simple vista.
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